Cómo decirle que no a un 'freelancer'
- Nov 1, 2016
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No responder a un e-mail, no es una respuesta en el ámbito de los negocios porque no comunica 'profesionalismo'. En el ámbito personal, no contestar, es una respuesta que no solo habla por sí misma, pero lo hace con un volumen muy alto.
Después de vivir más de una década en los Estados Unidos, aprendí muchas cosas de la cultura empresarial y también gracias a ello reconocí prácticas que me parecieron efectivas, pero sobre todo respetuosas, una de ellas fue la de responder siempre a todos los e-mails que llegaban a mi bandeja de entrada. Las veces que no lo llegué a hacer, sí que se pronunciaban de muchas maneras -algunas más amables que otras- quienes los enviaban o mis jefes quienes tenían acceso a mi dirección de correo, porque en ese país, era claro desde el primer día (incluso con incisos en el contrato laboral), que los correos corporativos son en efecto propiedad de la empresa, por lo tanto tenían acceso los departamentos y 'personas necesarias' y por ende quienes estaban por encima de mi cargo, también.
Si querían y tenían tiempo, los revisaban y mantenían 'el rastro' de las comunicaciones. Parte de seguir este rastro tenía mucho que ver con la reputación de la compañía, cómo se construía y mantenía una imagen de la cultura de la empresa hacia afuera y cómo sus empleados minaban o representaban positivamente esa misma cultura y desde luego indagar si algunas tareas se habían llevado a cabo o no.
'CUANDO las personas no responden mis correos, siempre pienso que quizás, alguna tragedia ocurrió.' dijo alguna vez John Leguizamo en una entrevista para el New York Times. Y aunque Leguizamo no sea necesariamente una autoridad en 'etiqueta cibernética' me pareció indicada su declaración, para apuntar a que las percepciones de una comunicación, como un correo no respondido en este caso, dependen en gran medida de nuestras circunstancias personales. Su primera esposa le notificó de su deseo de divorciarse, en un correo electrónico (ay). Sin embargo mi percepción y la ocasional compasión por el suspenso que conlleva el silencio se desvanecen, una vez sigo al destinatario y lo veo alimentando su 'feed' de Instagram cada tres horas con fotos del tráfico, de su mascota, del clima, de lo que se comió, videos del perro del vecino usando Boomerang y comentando en posteos de Facebook de 6 meses atrás con un -espérense- 'ja, ja, ja, ja'.
En el tiempo que llevo en Colombia trabajando de manera independiente, me he dado cuenta que seguir el hábito del correo no respondido a una propuesta de servicios, es prácticamente la norma y puede ser debido a una reciente concientización de formación en cultura corporativa. A continuación tres maneras de decir NO, que me han funcionado sin que me consumieran mayor tiempo y que me aseguraron no solo una relación cortés, pero útil en el futuro laboral:
Responder: mejor rápido, que despacio
El tiempo es tan valioso para un independiente como para quien tiene que cumplir con sus tareas diarias y en el mediano plazo, con sus metas para la evaluación corporativa. En la mayoría de los casos, un independiente sigue este camino, tras haber recorrido un tiempo importante dentro de varias compañías, construyendo su oficio. Tiene unos rasgos de personalidad que lo convierten en capital empresarial, porque posee experiencia, por ello aporta valor. Idealmente conoce su rubro muy bien por dentro y por fuera. Es gente innovadora y valiente porque toma riesgos creativos: para empezar, ya de por sí se la jugó en su vida profesional y cree tanto en sus habilidades y lo que puede ofrecer que se ha convertido en un profesional que se conoce bien y es recursivo y flexible. Para aventurarse financieramente hay que, indiscutiblemente, tener ambas características. Así que hay que moverse rápido -y él lo sabe, y lo hace- y esa idea, o esa iniciativa que viene de un independiente, puede ser la respuesta a necesidades imperativas y esenciales para cumplir objetivos claves en una empresa.
Ser considerado y sin entrar en detalles, dar una explicación
El 'NO' es un escenario que hemos contemplado como independientes y más en el ámbito que me muevo del periodismo, ya hace 16 años. He recibido miles de NO, de fuentes, de editores, respuestas negativas de lectores. Las respuestas más memorables positivamente, vinieron de gente en cargos muy importantes en compañías y dentro del gobierno en Estados Unidos (quizás muy concientes de la rendición de cuentas). Y el ejemplo que se me viene ahora a la mente, por no haber sido transparente, era de una artista emergente mexicana que vivía en Nueva York, si bien ella venía de una familia acaudalada en México y salía en todas las portadas de sociedad en su país, la revista para la que trabajaba que era en español y mexicana con circulación en Estados Unidos, quería hacer un perfil sobre ella acerca de su vida, para acercarla más a la gente, porque la percepción que de ella había, era de una mujer muy distante, alejada de sus raíces mexicanas. Y sí, la revista hablaba de temas más cercanos a la farándula que a otra cosa, pero hubo algo que aprendí al trabajar con mexicanos allí y en otros ámbitos: al mexicano de dinero y al mexicano promedio en Estados Unidos, sí que le importa mucho que su gente, se sienta orgullosa de su herencia. Luego de tres intentos (en un lapso de dos meses), de cambiar locaciones para la sesión fotográfica, la entrevista, las condiciones, las fechas, las horas, y en el que el equipo (fotógrafo, reportera y editor) negoció, acomodó y cedió, jamás funcionó. La revista decidió desistir, porque se hizo imposible alcanzar sus demandas y su representante en comunicaciones no expresó las razones de la complicación que pueden ser muchas, empezando por el tema de seguridad en México, por ejemplo, y muy entendible, o que simplemente hubiera querido otro enfoque, que se pudo haber hablado, pero la falta de contexto aunque fuera breve, hizo que tiempo después su agencia de Relaciones Públicas, quisiera acercarse a la publicación con la intención de 'suavizar' su imagen para publicitar un concierto suyo en Nueva York y la respuesta fue: No, porque la atmósfera que ella creó era de una persona 'difícil'.
Hablar de posibilidades en el futuro, y si no, también decirlo
Las razones para declinar una oferta de servicios son muchas: tiempo, dinero, metas, visiones, dirección, ideologías etc. Sin embargo el espacio para la negociación debe prevalecer. Un independiente cede por las razones que mencioné de flexibilidad y recursividad, pero sobretodo porque sabemos, que nadie conoce mejor su producto que un cliente y usualmente hay espacio para encontrarnos a medio camino. A comienzos de este año hicimos una propuesta con VOLTA (Compañía de la que soy co-fundadora) a una multinacional y en una semana respondieron que la propuesta les había encantado e hicieron observaciones concretas sobre algunos puntos del proyecto, sin embargo que durante 4 meses no habría presupuesto, pero que volviéramos a conversar en 3 meses para revisarla. Eso, mantiene la relación abierta, además honesta y lo más importante, cordial.
La reflexión es simple: ¿no quisiéramos TODOS cultivar relaciones en todas las áreas con esas características, con unas acciones tan sencillas?














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